Revista aQua, número 10 - page 11

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es un bajo, al que llegaremos tras menos de una hora
de navegación. La cumbre de esta montaña submarina no queda muy
cerca de la superficie (- 180 m. de profundidad) pero no tienen ninguna
importancia, ya que el objetivo no es el fondo sino el azul, y nunca
mejor dicho. Esta inmersión viene precedida por la “ceremonia” del
chummi, una mezcla de sardinas machacadas, agua y grasa de pescado
(invento sudafricano) que es poco a poco lanzada al agua y que es
detectada a kilómetros de distancia por los tiburones, que acuden
raudos a la cita. Pese a que en ocasiones viene algún mako o marrajo
(Isurus oxyrinchus), lo más frecuente es recibir a unos cuantos tiburones
azules. Los buceadores, en pequeños grupos, entran cuidadosamente
en el agua (el ruido los asusta) y permanecen bajo la embarcación
a 3 o 6 metros de profundidad, cogidos a cabos lastrados, y dejando
que los azules cojan confianza. Normalmente vencen rápidamente
su timidez, y en 4 o 5 minutos ya están a escasos centímetros de los
atónitos submarinistas; son tan descarados que es habitual que lleguen
a restregar su lomo contra nuestro cuerpo. Lo normal es contar con
grupos de entre 3 y 10 individuaos, con tamaños que oscilan entre 1,20
m. y 2 m. Una jornada, con dos largas inmersiones, que justifican por si
mismas el viaje.
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