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Buceadores. Deportistas con carnet

Por raqua

Los buceadores siempre hemos sentido que nuestro deporte es especial. No es como otros deportes. Requiere un aprendizaje teórico y práctico que no tiene fin. Su evolución está ligada a avances científicos y tecnológicos más que a modas pasajeras. La calidad del deportista no se mide en percepciones subjetivas o en trofeos, sino en niveles de formación reconocidos que obtenemos tras cursos tutelados y evaluaciones. Al igual que un conductor necesita un permiso especial para conducir vehículos, nosotros tenemos un carnet de buceador con nuestros datos identificativos, imagen del rostro y el instructor del que aprendimos. Pero, ¿quién nos otorga este privilegio?

Obviamente, las agencias certificadoras de buceo.

Estas agencias son organizaciones, mayoritariamente privadas, que ejercen de intermediarias entre unos determinados estándares internacionales de calidad y los buceadores deportivos. Es decir, son las encargadas de ofrecer una prueba válida de que un buceador tiene un nivel mínimo de formación y experiencia.

Hasta ahí todo parece sencillo de entender. Sin embargo, la relación entre alumnos e instructores con dichas agencias es muy poco productiva por falta de comprensión sobre el funcionamiento real de esta industria.

Incluso antes del primer contacto con nuestra querida actividad, podemos apreciar prejuicios por parte de abundantes candidatos a buceador. Sin poseer ni la más remota idea del porqué, exigen su certificación a través de una agencia en particular, cuyo nombre, con algo de suerte, son capaces de pronunciar correctamente.

¿Por qué ocurre esto? La explicación es bastante sencilla. Las agencias de buceo privadas son empresas que ofrecen un servicio a cambio de retribución económica. Como cualquier empresa, disponen de una mejor o peor maquinaria de marketing y, en función de su potencia publicitaria, alcanzará los oídos de una determinada cantidad de futuros buceadores. Así, conocemos que las agencias que más suenan en boca de los aún principiantes son, en realidad, las que más inversión realizan en su propia difusión.

De hecho, una clásica estrategia de venta es la de ofrecer al comprador la sensación de pertenencia a un grupo. Esta técnica ha sido explotada hasta la saciedad en la industria del buceo, llegando a niveles fervorosos en grupos concretos. Elegimos, en estos casos, una agencia porque queremos ser relacionados con ella y sus buceadores. Sin más razones.

La realidad es que prácticamente la totalidad de ellas certifican bajo los mismos estándares y ofrecen los mismos niveles de buceo. O lo que es lo mismo, sus certificaciones, su producto, tienen sobre el papel el mismo valor.

Podemos deducir consecuentemente que para un buceador deportivo, la agencia a través de la cual obtenga su certificación es indiferente siempre que ésta lo haga sobre estándares internacionales.¿Por qué entonces existen diferentes agencias que compiten? La respuesta nos lleva directamente a la parte más incomprendida de todo este confuso entramado.

Los clientes de las agencias de buceo no son los alumnos, sino los instructores, en todas sus variantes. Para estos profesionales, las agencias de buceo ofrecen un producto que no es más que una herramienta con la que ejercer su actividad. Los instructores se decantarán -idealmente- por una u otra en función de los parámetros que más sean de su interés.

Estos parámetros pueden ser, por ofrecer algunos ejemplos, costes de afiliación y certificación, disponibilidad de material didáctico, calidad e innovación en métodos pedagógicos, capacidad de reclamo, servicio de atención eficiente, existencia de una red de escuelas en las que poder ejercer ,y un amplio etcétera.

Para un instructor, sí es importante la elección de la agencia de certificación.

Y es que los alumnos son, y siempre serán, clientes directos de los instructores. El instructor es el maestro que marcará la diferencia en el aprendizaje de sus estudiantes. Él, como profesional, podrá ofrecer un servicio basado en su propia experiencia, dependiente del esfuerzo formativo invertido en sí mismo y afín a los intereses de un grupo objetivo de futuros clientes. El alumno deberá buscar el resultado que desea obtener en su instructor, no en la agencia.

El lector se preguntará entonces por qué existen agencias que, de forma real o aparente, presentan mejores resultados que otras. La respuesta es también elemental para cualquier profesional pero algo velada para los estudiantes. Para comprenderlo, hagamos antes evidente una verdad algo incómoda sobre el buceo deportivo.

Toda la comunidad mundial de buceadores avanza remando hacia la misma dirección en cuanto a protocolos, técnicas y configuraciones. Lo que sucede es que unos avanzan a la cabeza y otros a la cola… como en cualquier otra carrera.

El buceo deportivo es convergente. Continuamente surgen nuevas ideas y formas de lograr objetivos, siendo los exploradores pioneros en poner a prueba la mayoría de ellas. Pero, tras una evaluación basada en ensayos por parte de toda una colectividad de buceadores, más tarde o más temprano, suele asentar una idea concreta y son descartadas por desuso aquellas que no funcionaron bien.

Todos buceamos de manera semejante. Las pequeñas diferencias que surgen experimentalmente no pueden nublar la visión global del buceo de vanguardia.

Volviendo a la cuestión de por qué algunas agencias parecen dar mejores resultados que otras, entenderemos que esto es producto de su nivel de permeabilidad al aceptar instructores bajo sus filas. O de forma más detallada, el resultado obedece a la laxitud con la que forman profesionales así como al nivel de monitorización de su actividad y la conservación, o no, de su estado activo según conclusiones obtenidas. Una agencia con un mayor control sobre sus instructores ofrecerá, por consiguiente, mejores resultados estadísticos entre los alumnos. Desafortunadamente, estas agencias también tendrán un número infinitamente menor de profesionales afiliados, su beneficio económico será inferior y, finalmente, su maquinaria de marketing no podrá competir con la de agencias más voluminosas que, inevitablemente, mostrarán peores resultados formativos debido a la pérdida de control sobre sus numerosísimos profesionales.

Los instructores necesitan agencias que inviertan recursos en conseguir un gran producto y las agencias necesitan a los instructores para proporcionar un flujo económico que sustente su actividad, debiéndose esforzar por tanto en que éstos sean compradores satisfechos.

Concluimos, pues, que el alumno es cliente del instructor y el instructor lo es de la agencia. Tomar una decisión adecuada y provechosa dependerá del grado de información que cada cliente, en su nicho, se haya molestado en recabar.

Vivimos una era en la que el consumidor está cada vez más informado.

¿Será así también en el buceo deportivo?


Victor Tovar | Full Cave Instructor www.cavetribe.com


Los artículos y opiniones que aparecen en esta publicación reflejan las opiniones de sus respectivos autores, y no tienen por qué coincidir con las del equipo editorial.


1 Comentarios

Antonio 20/05/2020 - 8:17 pm

Completamente de acuerdo.
Me ha gustado la forma de exponerlo.

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