La Gran Barrera de Coral tiene dimensiones casi gigantescas: aproximadamente 65 kilómetros de ancho y 2.300 kilómetros de largo. Es el organismo vivo más grande de nuestro planeta y, al mismo tiempo, el único que puede verse desde el espacio. Igual de grande es también la biodiversidad de las especies que lo habitan: más de 1.500 especies distintas de peces, aproximadamente 600 clases de corales y 30 especies diferentes de ballenas y delfines. No obstante, este valioso universo submarino está en peligro. 
Casi la mitad de los magníficos e iridiscentes corales ya ha muerto, destruida por el blanqueamiento coralino, un fenómeno ocasionado por las temperaturas excesivamente elevadas del agua. Los corales necesitan algas para vivir. Éstas no solamente producen la variopinta diversidad de colores, sino que también proporcionan nutrientes a los corales. Si hace demasiado calor, las algas empiezan a segregar veneno, y los corales las repelen, se calcifican y se blanquean. Hasta ahora se ha impedido una buena parte del daño, ya que los corales son capaces de recuperarse de una afección ligera. Sin embargo, la temperatura del agua también debe descender y la calidad de la misma volver a aumentar lo antes posible.

Visibilizar lo que debe ser protegido
El premiado naturalista británico y realizador de documentales sobre la naturaleza Sir David Attenborough quiere concienciar sobre la amenaza que se cierne sobre este sensible ecosistema mediante una campaña con grandes medios: en colaboración con la BBC y el Museo de Historia Natural de Londres, ha logrado que el mundo submarino del arrecife pueda ser experimentado a través de la televisión y de Internet e invita, por ejemplo, a los visitantes del Museo de Historia Natural de Londres a una inmersión en realidad virtual por la Gran Barrera de Coral.

Las singulares imágenes en tecnología 3D requerían una cúpula para el submarino de filmación, que fuera tan nítida como el cristal y tan fuerte como el acero, para poder resistir la elevada presión bajo el agua. Varios intentos de distintos proveedores y sus diversos métodos de producción no fueron lo suficientemente fiables y no estuvieron a la altura de las exigencias de calidad, lo que supuso todo un desafío para el fabricante de los sumergibles Triton. PLEXIGLAS®, el cristal acrílico de la marca  Evonik, era literalmente la última esperanza para Triton Submarines.. “No había ninguna otra empresa en todo el mundo a quien pudiéramos encomendar esta prestación tecnológica pionera, ya que para la amplia vista panorámica nuestra intención era construir la mayor esfera totalmente de cristal que jamás se había fabricado”, comenta Patrick Lahey, socio de gestión  del especialista americano en sumergibles y submarinos Triton Submarines LLC.

Tanta aventura como en una expedición
La fabricación de la gigantesca esfera de PLEXIGLAS® también fue, a su manera, una pequeña expedición científica, con la única diferencia de que tuvo lugar en Evonik, en Darmstadt, en lugar de en el Pacífico Sur.
“Ya habíamos fabricado algunos acristalamientos para sumergibles, pero nunca antes curvados de forma esférica. Por ese motivo, tuvimos que inventarnos una tecnología totalmente nueva”, nos recuerda Wolfgang Stuber, especialista en acristalamientos especiales en Evonik. Y, por supuesto, esto no se consigue de la noche a la mañana: Evonik y Triton Submarines invirtieron en estrecha colaboración un año y medio en el desarrollo del proyecto.

Al contrario que con los modelos anteriores fabricados por otras empresas para Triton, Stuber y los expertos de la empresa Heinz Fritz Kunststoffverarbeitung decidieron no colar el cristal acrílico de marca, sino moldear bloques de PLEXIGLAS® en forma de semiesferas.  A continuación, dos de estas semiesferas se pegaron una con otra. “Naturalmente, también tuvimos que desarrollar el adhesivo”, cuenta Stuber, “porque un adhesivo que ligara el cristal acrílico bajo condiciones externas tan extremas y además de forma casi invisible era algo aún inexistente”.
Para las semiesferas así como para el adhesivo, Evonik tuvo que obtener además certificados individuales de Germanischer Lloyd, una especie de equivalente al certificado TÜV para los automóviles, puesto que todo lo relativo a la navegación está sujeto a los más estrictos controles de calidad y reglas de clasificación.
“El esfuerzo mereció realmente la pena”, afirma Lahey con visible orgullo. “¡La esfera de PLEXIGLAS® es tan nítida que al sumergirse en el agua se vuelve casi invisible! Hemos tenido ya pasajeros que han palpado la pared interna para asegurarse de que realmente estaba ahí”.

Las dos semiesferas fueron repasadas, lijadas, pulidas y pegadas una con otra hasta formar una esfera por el socio de procesado de Evonik, la empresa Heinz Fritz Kunststoffverarbeitung. La esfera tiene un diámetro de 2100 mm y un espesor de pared de 166 mm. Su peso es de 2,2 toneladas. Está autorizada para una profundidad de inmersión de 1000 metros. La esfera hueca de PLEXIGLAS® permite así una vista panorámica completa y al mismo tiempo constituye el compartimento presurizado de protección para los pasajeros.